CANARIASVENEZUELA

martes, 14 de octubre de 2008

CAÍDA DEL PETRÓLEO, ALBA Y SUS EXPECTATIVAS

Juan Ramón Martinez 
Mirador

TIEMPO.HN
Las cosas están relacionadas las unas con las otras. Mucho más que lo que el común imagina. 
Por manera que, el aleteo de una mariposa en Australia, puede provocar un desplazamiento de la placa de San Andrés; y producir un
temblor catastrófico en Los Angeles o San Francisco. 
O como está ocurriendo: que la crisis de confianza del sistema bancario occidental, está obligando a un descenso de los precios del petróleo en los mercados internacionales. 
Y que tal caída, que muchos habíamos deseado, tendrá a su vez, efectos negativos para algunos países, especialmente aquellos que habían puesto sus esperanzas en los precios altos del petróleo, como es el caso de Venezuela y el circuito de países periféricos que han construido en su alrededor la Alternativa Bolivariana de las Américas.
El descenso de los precios internacionales del petróleo, se explica mejor por la crisis del sistema especulativo que, por medio de falta de fuerza de la demanda de los productos derivados del mismo. Ocurre que una gran parte de los fondos con que especulaban en el mundo oscuro de la banca de inversión, se usaban para manipular, y para favorecer el alza de los precios del petróleo. Ahora que todo el mundo está vendiendo sus contratos de futuro; y el dólar está iniciando un proceso inverso de revalorización, es natural que los precios del petróleo se precipiten a la baja, provocando nuevos daños a otras economías. Porque como lo hemos dicho, no se puede vivir en forma ordenada, con un sistema económico desordenado. Y cuando los precios del petróleo caen, mucho más allá de sus costos actuales de extracción, más las posibilidades de reinversión de utilidades en investigación, prospección y extracción, la economía mundial se enfrenta al riesgo de la escasez del combustible tan necesario.
Por supuesto – y éste es nuestro caso -- un descenso vertiginoso de los precios, tiene efectos negativos para sociedades como las nuestras, más negativo que la caída de las bolsas de Nueva York, Londres o China. Especialmente en el caso de Honduras, aunque un descenso de los precios de los combustibles, abaratará las operaciones y reducirá los costos de producción, tendrá efectos negativos en términos de la ayuda pactada en forma de entrega al crédito de derivados del petróleo y cooperación para atender demandas de los grupos populares, no tanto para calmar sus necesidades, sino que para ganar elecciones en las que los políticos están interesados.
Un petróleo barato y un dólar fortalecido es bueno para la economía hondureña; pero es fatal para las expectativas del Presidente Zelaya. Y mucho más para los grupos populares que creían que precios altos podrían permitirles recursos con los cuales socavar la operación del gobierno, alterar a su gusto los procesos electorales y crear artificialmente una atmósfera de bienestar que le diera un respiro al pueblo hondureño. Una Venezuela sin dinero suficiente, en vista que su economía depende en un 90% de los ingresos del crudo que compran los Estados Unidos, es muy negativa para los planes hondureños. Porque no habrá dinero para honrar los compromisos establecidos, ni utilidades respetables en términos de tratamiento preferencial desde Petrocaribe, cuyo encanto y justificación, estuvo determinado por los altos precios internacionales del crudo y sus derivados. Y como sabemos, los recursos de Petrocaribe son muy importantes para nuestra balanza de pagos y para estabilizar el Lempira, severamente amenazado por la reducción probable de las remesas, las reservas perdidas en la especulación estadounidense y los gastos crecientes del gobierno en términos de arreglos con maestros, médicos y enfermeras. 
Algunas personas tronaban en contra de los precios altos del petróleo. Reclamaban solidaridad, en vez de un sistema especulativo sin alma en el que, quien tiene compra y el que no, sólo las ve pasar. Sin embargo, ahora que las cosas se revierten, no tienen discurso, ni mucho menos capacidad para responder. Porque cuando sus reclamos por azar de la crisis, se hacen realidad, se descubre que no benefician a nadie y que, más bien, una reevaluación del dólar es muy negativa para nuestra economía. Y mucho más, para las expectativas que nos habíamos creado con respecto a la fraternidad y la solidaridad venezolana por intermedio de la Iniciativa Bolivariana de las Américas.
Por todo, hay que revisar las posturas, cambiar el discurso y prepararnos para desempeñarnos mejor frente a los mercados internacionales. Seguir como hasta ahora, confiando en la buena o mala voluntad de los demás, menospreciando nuestras capacidades productivas y comerciales; y desdeñando las oportunidades que tenemos para ingresar a los Estados Unidos, México y El Salvador, no es lo mejor. Ni para la economía nacional ni mucho menos para asegurar la estabilidad política. Más bien lo que hay que hacer es dejar de pedir con garrote, para confiar más en nosotros mismos. Esta no es la hora de la mendicidad ni el reclamo. El mundo de ahora, es otro. Más interesado en sus problemas, que en la ayuda a las naciones haraganas.

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