
“El oficialismo no disfruta del poder de antaño para utilizar la figura del Presidente como portaviones electoral, debido a factores como el deterioro de la calidad de vida del venezolano, el desarrollo de una conciencia crítica en el elector chavista y ni-ni, el rechazo a las pretensiones autoritarias del Presidente y la mala gestión de los gobernantes oficialistas”.
Esa es una de las conclusiones de un reciente estudio de opinión de la empresa Hinterlaces, que dirige Oscar Schémel, sobre intención de voto para las venideras elecciones de gobernadores y alcaldes que se celebrarán el 23 de noviembre.
La investigación se desarrolló en mayo, junio y julio a través de 15 focus group con mayores de edad, de ambos sexos y distintas condiciones políticas y económicas, en siete ciudades: Caracas, Maracay, Valencia, Maracaibo, San Cristóbal, Barquisimeto y Puerto La Cruz-Barcelona. Schémel aclara que se trata de un estudio “exclusivamente cualitativo y cultural” a partir del cual se logró un documento estratégico que tiene la intención de “descifrar las cifras”.
La investigación concluye que, a pesar de los factores inicialmente mencionados, la popularidad de Chávez “dista de haber mermado radicalmente entre su electorado tradicional, porque aún el agravamiento de los problemas, aunque se le atribuye a la mala gestión del Estado, no se vincula directamente al Presidente sino a sus colaboradores”.
“El Presidente todavía cuenta con niveles de apoyo que oscilan entre 45 y 55% del electorado venezolano. Atacar la figura del Presidente dentro de este contexto no sólo es contraproducente, sino puede ser mortal para cualquier estrategia electoral que busca arrebatarle espacios políticos al oficialismo”, advierte el informe de la firma encuestadora.
A contravía, una pelea cazada entre la figura presidencial y un opositor, como por ejemplo los ataques de Chávez a Rosales, tampoco significan réditos electorales al adversario del Presidente. “No hay que caer en el juego. Lo conveniente es colocarse por encima de la confrontación, y del discurso ideológico”, señala Schémel.
Misiones, ni con el pétalo
Otra de la conclusiones que arroja el estudio es que las iniciativas en materia de programas sociales y políticas públicas elaboradas desde el gobierno central, como las misiones, programas habitacionales o los sistemas de inclusión en el sistema educativo formal, son percibidos por la mayoría de la población en las zonas populares como progresos indiscutibles por parte la Presidencia de la República.
“Por lo tanto, toda oferta electoral que trate de convertirse en alternativa a los programas oficialistas no puede fundamentarse en la abolición de estos programas sino en el replanteamiento de los mismos con base en criterios de eficiencia, discriminación positiva a favor de la población-objetivo más necesitada y la creación de empleos de calidad para el ascenso social”, dice el documento.
En esa línea, Hinterlaces refiere que a un aspirante opositor a un cargo de representación popular resultaría más lógico es argumentar que, si bien el Presidente tiene buenas intenciones, votar por sus candidatos “es la peor manera de ayudarlo y por lo tanto es más conveniente votar por candidatos opositores o independientes”.
Otro de los aspectos analizados es el discurso violento del Presidente, el cual, junto con la excesiva dedicación del Ejecutivo Nacional al tema internacional, “crea más rechazo en el electorado chavista y ni-ni”.
La alternativa, consideran los analistas, es ofrecer una dirigencia política comprometida con un discurso de reconciliación e inclusión política. “Hay que evitar el revanchismo desmedido, especialmente al atacar la figura Presidencial que aún disfruta de altos niveles de popularidad y de la cual todavía dos de cada tres electores chavistas disculpan por los problemas del país”.
Esto parece muy conectado con el tema de la polarización política, pues es una oportunidad para crear en el electorado chavista la necesidad de buscar candidatos que apuesten a la reconciliación y unión entre venezolanos.
“La oposición no puede caer en la trampa de polarizar con el gobierno, donde la empatía que aún genera el Presidente pone en desventaja a la oposición a la hora de captar votantes en las zonas populares. El elector promedio percibe que los candidatos de un bando u otro, al llegar al poder, perpetuarán el conflicto entre facciones y no se centrarán en la solución de los problemas. Se hace necesario vender la idea de cierta independencia política de los candidatos”, recomienda el análisis.

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