CANARIASVENEZUELA

miércoles, 12 de noviembre de 2008

CHÁVEZ, NECESITADO DE VICTORIA SIMBÓLICA EN ELECCIONES REGIONALES


En las últimas elecciones regionales en Venezuela, el presidente Hugo Chávez tan sólo necesitaba sostener la mano de su candidato para anotarse una victoria casi segura.

A diferencia de lo que sucedió en el 2004, cuando ganó 20 de las 22 gobernaciones, la popularidad del mandatario parece ahora insuficiente por sí sola para volver a barrer en los comicios locales del 23 de noviembre.

Chávez viene de asumir una inesperada derrota en diciembre pasado, cuando los venezolanos rechazaron en las urnas una reforma constitucional clave que incluía la posibilidad de continuar gobernando mientras siguiera ganando elecciones.

El inédito revés electoral, unido a meses de persistente desabastecimiento en rubros alimentarios básicos, el alto costo de la vida y la ola de inseguridad que azota al país, pusieron en jaque el respaldo social de Chávez, cuya popularidad bajó en enero del 50 por ciento por primera vez en cinco años.

En la próxima cita electoral, el militar retirado necesita a toda costa una victoria que refuerce su liderazgo y prepare el terreno para proponer nuevamente un cambio en la carta magna que elimine los límites a la reelección presidencial.

“Para Chávez, el resultado de esta elección es vital, porque va a dar datos concretos sobre la probabilidad de que consiga su objetivo: permanecer en el poder más allá del 2013 (cuando finaliza su actual mandato)”, explicó Luís Vicente León, director de la encuestadora Datanálisis.

“El éxito de esta elección no se mide en gobernaciones y alcaldías, se mide en términos simbólicos. Cada plaza que gane la oposición es una derrota simbólica para Chávez”, agregó.

Aunque la valoración del mandatario vuelve a rondar el 60 por ciento, analistas señalan que la calidad de este apoyo se ha resentido tras casi 10 años en el poder, como muestran el menor nivel de confianza, el descenso del llamado “chavismo duro” y las sonadas disidencias políticas en sus filas.

Esto se traduce en que la capacidad del presidente para endosar popularidad a sus candidatos, lo que en un tiempo se llamó el “portaviones” de Chávez, ha mermado considerablente.

“Desde luego esa capacidad de portaviones tiende a disminuir por el desgaste que significa el ejercicio del poder”, reconoció el general retirado Alberto Muller Rojas, vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela, que aglutina a las fuerzas políticas que apoyan al mandatario.

Ante este espinoso escenario, el gobernante necesita algún trofeo electoral para clamar victoria y minimizar potenciales reveses en bastiones “rojos”, como la posible derrota de su hermano Adán en la batalla por suceder a su padre al frente del estado natal de la familia Chávez.

Mucho no es suficiente

No sólo hay símbolos en juego, también importante caudal político. Algunas gobernaciones donde Chávez puede salir derrotado forman parte del “corredor electoral”: ocho estados donde se concentra más del 70 por ciento de los votantes.

“De las 22 regiones, tenemos 16 con altas posibilidades (para el oficialismo), alrededor de cuatro con posibilidades intermedias y dos con bajas posibilidades”, admitió Nelson Merentes, ex ministro de Economía en el país socio de la OPEP y director de una encuestadora que trabaja para el Gobierno.

Aunque sondeos prevén que los socialistas revaliden su triunfo en la mayoría de los cargos, el militar retirado se ha lanzado a una frenética campaña en la calle y mediática con hasta tres mitines diarios transmitidos en radio y televisión.

Y es que Chávez no sólo enfrenta a sus adversarios, sino a la inflación más alta de la región, a miles de muertos cada año víctimas de la violencia, a unas infraestructuras deterioradas por falta de inversión y a las reservas que mantienen muchos de sus seguidores sobre los propios candidatos oficialistas.

“El chavismo no se ha divorciado del presidente, sino sólo que duda actualmente de su capacidad para tomar las mejores iniciativas, como la elección más idónea de sus colaboradores”, dijo Oscar Schémel, director de la encuestadora Hinterlaces.

El mandatrio busca movilizar a su formidable base electoral recrudeciendo sus ataques a la oposición y ligando al resultado la contienda al futuro de su autoproclamada “revolución socialista”, que la mayoría de los venezolanos todavía identifica con sus multimillonarios programas sociales.

Cualquier político estaría contento con estos altos índices de apoyo y la perspectiva de que su partido logre la mayoría de los cargos. Pero, para Chávez podría ser insuficiente.

“Avanzar la revolución por la vía democrática requiere de un nivel de popularidad especialmente elevado, ya que necesitas pisotear a un pedazo de población. Esto lo puedes hacer cuando ese pedazo es pequeño. Pero no cuando es grade, los riesgos del conflicto se amplifican exponencialmente”, concluyó León.

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