CANARIASVENEZUELA

lunes, 20 de octubre de 2008

ANIMALIZACIÓN

Los países más inermes frente a crisis como la financiera actual son los exportadores de materias primas. Están sometidos al vaivén bíblico de las vacas gordas y flacas según fluctúen los precios internacionales de los commodities. Su suerte depende de un factor en el cual poco pueden influir, y esa vulnerabilidad externa les impide abrigar esperanzas de una prosperidad sostenible. El mundo desarrollado obedece a otra dinámica. La solución de sus problemas depende de lo que hagan, y si las crisis son graves como la que se está viviendo, pueden actuar en forma concertada --la globalización lo exige-- para aliviar el amargo momento, aunque dure más de lo deseable.

Latinoamérica creció sostenidamente por varios años. El precio de sus exportaciones primarias se fue a las nubes porque se expandió el consumo de las economías desarrolladas y emergentes. Los vagones siguiendo a la locomotora. Por eso cuando esa locomotora comenzó a toser, la frágil prosperidad de nuestra región se sacudió en sus cimientos. Por supuesto, los que crecieron sanamente diversificando su economía sobre bases competitivas resistirán mejor los embates. Es el caso, digamos, de Brasil o el de Chile. El precio de la soya, que había tocado el cielo, se ha desplomado en caída libre. Brasil es un gran exportador de soya, pero como en su oferta incluye productos manufacturados con alto valor agregado soportará mejor el vendaval que otros de la Región. Chile, con más de 60 tratados de libre comercio en el mundo, incluido EEUU, multiplicó sus exportaciones y por eso debe salir bien librado, sólo que a diferencia de Brasil no se autoabastece de energía y sus dos proveedores de gas son Bolivia y Perú, cuyos pueblos abrigan un secreto resentimiento desde la guerra del Pacífico. En esa ocasión Bolivia perdió su salida al mar y Perú sus ricos yacimientos salitreros de Taracapá, además de la ciudad de Arica. Menos mal que Alan García tiene buenas relaciones con Bachelet, pero Evo Morales es una incógnita, sobre todo por depender de un hombre tan irascible e intervencionista como el presidente de Venezuela.

¿Y qué pasará en Venezuela? Pues lo que ya está pasando. El gobierno ha destruido la capacidad industrial y agrícola en su pueril empeño de ''socializar'' la economía, entendiendo por tal echar las inversiones privadas nativas y foráneas. Venezuela es ahora sumamente frágil y dependiente de un solo artículo de exportación. Es uncommoditie más aunque hablamos del petróleo. Al caer el precio de la energía el tinglado se estremece. El problema se agrava porque el gasto público financia cuanta ocurrencia socialista asalta las noches del presidente. Floreció una frondosísima burocracia, improductiva y corrupta además de irreductible en los tres niveles de la administración pública y en esas estructuras paralelas y supuestamente autogestionarias que naufragan todos los días en medio de un derroche sin control. Mientras tanto los problemas sociales se multiplican. Venezuela, como Timón el de Shakespeare, se desploma en la pobreza por derrochar vanidosamente su enorme riqueza.

Tan irreflexivos como el presidente Chávez fueron los gobiernos que se ataron al ALBA o comprensiblemente se ilusionaron con PETROCARIBE. El barril de petróleo está en menos de $90, cuando a más de $100 el gobierno no pudo equilibrar las cuentas fiscales y, para asombro general, se endeudó como nunca. Mordiéndose los labios, Chávez restringió las ventajas que con fines políticos venía otorgando. PETROCARIBE redujo de 60 a 50% el financiamiento de la factura petrolera y ahora no recibe productos, sino dólares líquidos. Y no es sino el comienzo. Venezuela es hoy un hervidero de muy justas protestas. La pobreza está animalizando el país.

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